Hacer comedia en el cine siempre fue una fuerte apuesta. Pero gente como Agnes Varda ha colocado al documental en un mismo rango de dificultad. El joven director argentino Juan Villegas transita ambos desafíos con infrecuente soltura. “Las Vegas” de 2017, es una propuesta que exhibe inusual equilibrio entre sentido y carácter. Si lo propio del género es la captura de la realidad en su gesto paradojal o absurdo, esta comedia lo logra sin renunciar a cierta acidez crítica que sobrevuela las acciones.

Pilar Gamboa y Santiago Gobernori (“Las Vegas”)

Es primero inteligente y después graciosa. Una historia de padres demasiado jóvenes para sortear la inmadurez y un adolescente tempranamente obligado a crecer para que haya un adulto en la familia. El guión es impecable por lo nítido de los diálogos y un ritmo a la vez contrastante y progresivo. La separación de los padres y un reencuentro no del todo casual en Villa Gessell cimentan la fuente narrativa. La película ofrece secuencias de delicada construcción como el trabado contrapunto de los ex esposos bajo la lluvia, el asado compartido con la novia colombiana del padre -filoso y ambivalente- la torpe salida común en el jeep, y la noche del baile, profundamente erótica y emotiva. Villegas elude las soluciones fáciles que podría ofrecerle una situación esencialmente accidentada y confusa. Reírse viendo “Las Vegas” es comprender a los personajes, conmoverse y pensar cómo resolverán su lugar en juego. Y es también aquel guión el que facilita unas felices actuaciones individuales. Pilar Gamboa en el rol más acentuado de la pantalla, no pierde ternura en medio de la histeria. Valentín Oliva es preciso y muy sostenido, coronando el trío central Santiago Gobernori, quien resuelve magistralmente un personaje menos expandido pero muy gravitante.

Victoria Moran (“Victoria”)

Documental: Victoria Morán es una exquisita cantante de tango que enfocada por la lente de Juan Villegas en “Victoria” (2012), se me aparece como mujer, madre, esposa, trabajadora, docente, vecina y amiga. Los brillos del talento –en este caso abundantes- se humanizan y enriquecen bajo el entorno profano y encantador de la vida. Sencillez y austeridad dan cuenta de Victoria armonizando el objeto y el modo de tratarlo. La cámara escucha a la cantante, la cuida, mima sus ocasionales perfiles y se rinde ante su cotidiana cadencia. Sin embargo, la prudencia formal consigue disparar sutilmente connotaciones transversales al curso de lo filmado. Desfilan las incómodas relaciones entre la necesidad y la vocación, los abismos entre la difusión instalada e imperativa de productos musicales y la sobriedad del músico genuino. Victoria basa su desarrollo en un sentido de filiación artística, tributa a los grandes (Nelly Omar). Villegas se roba instancias significativas y movilizadoras en espacios espontáneos: Una residencia geriátrica, una clase de canto en la propia casa. Victoria corrige y direcciona los embates literarios de su alumno Julio, corrige pruebas de sonido, indica alturas y caídas tonales. Canta y además sabe mucho. El primer encuadre de la entrevista es altamente sensible, recorta y muestra, deja que Victoria sea y que la filmación se anuncie. La clave estética aquí es la honestidad, el respeto al artista y al espectador. Sabrosas películas ambas, “Las Vegas” y “Victoria” no agotan la obra de Villegas pero apuntalan generosamente las calidades del cine argentino contemporáneo.

Comentarios

comentario/s