Entre 1942 y 1944, Maurice Dorleac fue el padre de dos hijas. Ambas, con el tiempo llegaron a ser modelos y actrices de cine. La menor, Catherine, para diferenciarse de su hermana Francoise, tomó el apellido de su madre, Reneé Deneuve. Así formó uno de los nombres más fulgurantes del cine francés, todavía vigente. El Dorleac paterno, en cambio, se abrevió trágicamente. En Junio de 1967, un Renault 10 en viaje de París a Niza, se tumbó e incendió cancelando la dichosa vida de Francoise Dorleac, esa interrumpida belleza. Su evocación la aprisiona como “la hermana” de Catherine Deneuve. Debió haber sido mucho más.

Hermanas Dorleac – Deneuve

Cierto esplendor delicado fue la nota común de estas deliciosas hermanas francesas. Más estilizada, Catherine irradiaba menor calidez. Lo que en ella era sugerencia se encontraba presente y desenvuelto en su hermana. No tan radiante como Francoise, el toque gélido le permitió a la Deneuve ofrecer el perfil justo para sus personajes en “Repulsión” (1965) de Polanski o “Belle de Jour” (1967) de Buñuel. A cambio, una mayor franqueza y extroversión le habilitaron a Francoise protagónicos de potencia sensual, justamente para Polanski en “Cul de Sac” (1966) y muy especialmente para Truffaut en “La piel suave” (1964). No faltaron los celos. Francoise había filmado más que su hermana, pero ésta había encontrado mejor recepción de la crítica. Aunque nunca le haya servido de consuelo a Catherine, la despedida artística de Francoise las encontró reunidas en aquella feliz construcción de Jacques Demy: “Las señoritas de Rochefort” (1967), musical pop, desarrollado en estrictos colores pastel y locaciones exteriores siempre bajo luz diurna. Fue la cima y la fiesta de aquella hermandad espléndida y malograda. Luego de tres décadas sin hablar de ello, Catherine dirá simplemente que su hermana fue una “amputación definitiva”.

En “La piel suave” de Truffaut

Repaso lo mejor de su elipse: “El hombre de Río” (1964) dispar comedia de acción y aventuras con hallazgos interesantes. Allí Francoise forma una pareja ligera con Belmondo. Philippe De Broca insiste en maquillarle las pecas cercenando una clave de su frescura. Habrá que esperar al exquisito Demy para tenerla completa. Veo una vez más la señera “Cul de Sac”, de Polanski. El femenino de la ingeniosa historia reclama ese tipo de frivolidad que raya con lo cruel. Francoise da la medida con un semblante físico de soltura, desprendiendo cierto erotismo naturalizado y distante. Su Theresa desespera al patético  Donald Pleasence y desquicia al rudo Lionel Stander. Un jean y un suéter le bastan, y su desnudo acompaña un plano general de playa. Sugerencia salvaje, pertinente encuadre. Polanski no la exhibe, la articula en la atmósfera visual del film. Finalmente, vuelvo a la perturbadora obsesión de Truffaut con la pasión sexual y con la propia actriz, de quien se enamoró sin remedio. “La piel suave”, esa buena película sobre el tópico, cuela también un íntimo homenaje del director al encanto y la madurez de Francoise. Este personaje de la azafata Nicole es más amplio y ofrece más textura dramática en denso contrapunto con el adúltero Pierre (Jean Desailly). Para entonces, Francoise trabaja ya con los mejores. Dos años antes del final, parece tenerlo todo. Sigue dando aquellos pasos frágiles y certeros, como si el futuro la aguardara.

 

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