El Dr. Roberto N. Domeck coordinó hace cuatro años un taller, que llevaba la denominación que elegimos como título para encabezar esta columna, contando con la organización de la Dirección general de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires. En este encuentro participaron afortunadamente algunos docentes superiores de nuestro distrito. Posteriormente el IDELNE (Instituto de Desarrollo Local de Necochea) elaboró un documento, algunas de cuyas ideas nos hemos apropiado para su divulgación y útil para contribuir a un debate imprescindible entre nosotros y que tiene que ver con nuestro desarrollo local y la consolidación de nuestro perfil productivo.

El Dr. Domeck, fallecido hace poco más de un año, fue el organizador, fundador y primer rector de la Universidad de Tierra del Fuego (UNTDF) y un estudioso de las formas de las organizaciones productivas locales y regionales.

Definimos el desarrollo local (y regional) como un “modo participativo y consensuado de cambiar la realidad en un espacio territorial determinado”. No es una definición vacía más. En ella se anima la voluntad de cambio, transformación y mejora inclusiva de quienes nos reconocemos vecinos de un territorio en el que habitamos y convivimos, es decir sujetos a un destino o suerte común. No es tampoco un desarrollo local que se espera sea dado u otorgado graciosamente por alguien del ámbito de lo público estatal o de una inversión privada de magnitud. Es una invitación a la participación responsable, con el propósito de arribar necesariamente a acuerdos que nos permitan realizar proyectos de mejora de impacto comunitario.

Todo un desafío, porque el desarrollo puesto en estos términos implica un desarrollo humano además de económico e inclusivo. Los territorios se valorizan por la cantidad y calidad de producción de bienes y servicios del Estado, en sus tres niveles; de las empresas ( y los particulares); y de las entidades comunitarias, llamadas del tercer sector, cuyo funcionamiento no está sustentado en la ganancia económica sino en la acumulación de capital social.

La globalización en desarrollo se sustenta en la existencia de procesos globales que trascienden grupos e intereses locales y territoriales. El avance de la globalización desde los años 90 del siglo pasado parece invalidar los esfuerzos locales diferenciados. El nacimiento de las corporaciones –etapa última de desarrollo de la economía capitalista- hizo que para 1997 el 82% de las exportaciones se concentraran en el 20% de los países más ricos.

Las formas cambiantes de producción producen mutaciones técnicas y económicas que generan inevitablemente cambios y transformaciones socioculturales y políticas. Estas transformaciones:

-Modifican las culturas locales produciendo incertidumbre.

-Se producen daños o amenazas ambientales.

-Se produce el debilitamiento del Estado-Nación y sus institutiones.

-Lo audiovisual y las redes sociales reorganiza la cultura y aumenta la desigualdad en la capacidad de procesar los cambios.

-El conocimiento dibuja una geografía distinta del desarrollo.

-La escuela y la familia dejan de ser el ámbito natural de socialización.

-Parte de la población se protege con tecnología para afrontar niveles crecientes de violencia y esta violencia modifica para siempre los vínculos de la vida urbana.

-Como consecuencia de lo expuesto, de las nuevas maneras de producir y convivir, se incrementan las asimetrías sociales.

Si llamamos globalización a los procesos económicos y tecnológicos recientes, podemos preservar el término mundialización para denominar a la nueva cultura global. La intersección entre el mundo de la globalización (de lo material), y la mundialización de la cultura son interpretadas de manera diversa desde lo local.

Lo local tiene una singularidad por su propia capacidad de recursos humanos, físicos y económicos configurando una identidad cultural única e irrepetible. Es en lo local donde se expresan claramente la necesidad de asociarse para convivir –competir- en el mundo global, preservando valores propios y calidad de vida.

Fracasados los modelos de los polos de desarrollo de mediados del siglo pasado y homogeneizada la oferta de parques industriales en todo el territorio nacional todo indica que la presente es una etapa signada por el conocimiento y la ventaja comparativa.

La educación técnica, de oficios y carreras profesionales,  de indudable utilidad en las etapas de desarrollo anteriores a la globalización, deben transformarse y adaptarse a los territorios específicos que contienen la organización educacional pública y privada , acercándose y relacionarse  íntimamente con las posibilidades de la producción territorial.

En cuanto a la infraestructura,  que sigue siendo fundamental para la logística de la producción de bienes y servicios y a la localización ordenada medioambientalmente de las industrias,  debe agregarse la creación de parques tecnológicos donde circulen los conocimientos adecuados para el agregado de valor a la producción de materias primas de interés local; espacios industriales inteligentes, donde la tecnología de punta sea transferida a las empresas en funcionamiento y a crearse con el auxilio de incubadoras de empresas. Importa la cantidad, calidad, seguridad y fluidez de los servicios del Estado y los particulares, siendo imprescindibles la circulación de la información necesaria que haga posible los negocios y factibles los procesos de producción de los bienes y servicios para los cuales nuestro territorio está especialmente dotado.

Conviene precisar el tipo de conocimiento y predisposición necesario al desarrollo local. Expresamos el conocimiento como cultura colectiva, validado por su capacidad para enfrentar y anticipar los cambios sociales y económicos que se producen y habrán de producirse vertiginosamente, su preocupación por los componentes humanos y por la ampliación de oportunidades de optar de quienes habitamos un territorio común.

Conocimiento inteligente que acompaña ideas e iniciativas que mejoran la calidad de vida de la gente.

Conocimiento técnico educativo de nuevo tipo. Educación formal técnica en todos los niveles. Educación en servicio de los que ya producen bienes y servicios. Trasmisión de los conocimientos de las empresas locales de punta o exitosas.

Conocimiento que no se espera. Conocimiento que se construye desde los territorios.

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