En estos primeros días del mes de junio se están cumpliendo 29 años de lo que fue la apoteótica campaña de Estación Quequén, que con un cuerpo técnico “made in casa” y con mayoría de jugadores locales, lograra la extraordinaria e incomparable epopeya de ascender al Nacional B.

Muchas cosas se han dicho y muchas se seguirán diciendo acerca de lo que fue este logro deportivo insuperable, teniendo en cuenta la dimensión que alcanzó posteriormente, cuando el verde de Necochea y Quequén, fue transmitido el mismo día (con Lanús de visitante) por las Radios Continental y Rivadavia al mismo tiempo, emisoras que polarizaban por entonces las transmisiones de todo el fútbol argentino.

El verde de Quequén y Necochea fue mucho más que eso. Fue tapa de diarios como Clarín, La Nación, Popular, enfrentando a rivales de la envergadura de Huracán de Parque Patricios, Lanús, Unión de Santa Fé, Quilmes, Colón de Santa Fé, Belgrano de Córdoba, Banfield, equipos que hoy son protagonistas del certamen más importante del más convocante de todos los deportes.

La sola referencia de esto y lo que significaba la notable promoción turística de que mencionen permanentemente a Necochea Quequén es una referencia de lo que logró este grupo de futbolistas, más el cuerpo técnico, más los dirigentes y más el apoyo de toda una ciudad que se encolumnó con la boca abierta al darse resultados que ni el más optimista de los hinchas podía imaginarse cuando se comenzó con todo este proyecto.

Yendo un poco más atrás en el tiempo hay que decir que Estación Quequén nació para ser grande. Desde su fundación, su historia, sus títulos. Siempre le cuento a mis amigos que de chico mi padre me llevaba todos los domingos a ver un delantero goleador, dueño de un cabezazo y un salto pocas veces visto y una generosidad para jugar al servicio del equipo. El enorme Carlos Enrique Díaz. Impresionante delantero !!!

Junto a Omar Ortiz, su “socio” dentro del campo de juego, y una camada de jugadores como Jorge Ordoqui, Pereyra, Tristán, Cuomo, Mozzi, Urbano Acosta y tantos otros se empezó a formar la historia de un iluminado Estación Quequén, que ya comenzaba a marcar territorio firme dentro del fútbol necochense.

Y después de esa camada de lujo, ultracampeones de todo, llegaron proveniente de la selecciones juveniles del querido Raúl Ugarte, verdaderos cracks como Luis Eduardo Sánchez, Sergio y Fabián Mainardi, Pablo Germàn Dialeva, Miguel Angel López, Guillermo Dindart, Cacho Dinizio, que tuvieron muchísimo que ver en el ascenso al Nacional B.

Un equipo, preparado de manera estupenda desde lo físico por el profe Jorge Casaprima, que trajo un par de refuerzos marplatenses en el inicio y uno de ellos, Luis Lambertini, se lesionó feo rápidamente y a seguir con los que estaban. Carlos Javier Pérez y Mario Alberto Márquez fueron dos jugadores con un temple de acero para las finales más bravas y un párrafo aparte para el gran Ricardo Guerrero. Un jugador completo, un ser humano excepcional. De sus pies nacieron jugadas inmortales, como aquel pase a Paquillo en el gol ante Olimpo, por lejos el más importante en la historia del fútbol necochense. En la cancha de Rivadavia, en el arco que da espaldas al centro de la ciudad. Un pase cruzado de derecha a izquierda de 40 metros. Un estupendo enganche de Paco ante Ronco y un derechazo letal para la victoria. El triunfo. El ascenso. La euforia sin límites.

Muchas anécdotas que perdurarán en el recuerdo. Rescato una. Semifinal durísima con Almagro. En la ida de local triunfo apretado por 1 a 0 con gol de Paquillo a 6 minutos del final. Había que definir allá. El micro que salía desde Necochea a Capital Federal hacía una parada en Mar del Plata para que suba Beguiristain. Marcador de punta. Titular inamovible. Cuando llegaron a la feliz, la mala nueva. Beguiristain, enfermo, no viajaba. Entonces no había marcadores de punta en el plantel. Cuentan que la cara de “Quito” Ortiz se empalideció. Con el agravante que en Almagro su principal figura era precisamente su puntero derecho. Rápido, picante, goleador, figura.

Haciendo el calentamiento precompetitivo tres guapos de fierro como el “Conejo” Pérez, Fabián Mainardi y el “Negro” Márquez se prometieron “atender” a dicho atacante. Y así fue. A los 9 del primer tiempo el punta “tricolor” tuvo que abandonar la cancha por una “atención” de Mainardi en un cruce. El resto de la historia es apasionante y con un final de película. Un guión propio del mismísimo Eduardo Saccheri. En los 90 minutos gana Almagro 1 a 0 y había que recurrir a la definición desde el punto del penal. En la serie de 5 igualada y a patear a uno. El que se equivocaba perdía. El “Cubano” Fernández. Gol. “Cachito” Dinizio. Gol. Era imposible resistir tanta pasión y semejante presión. Hasta que apareció el muchachito de la película. “Hoy te vas a convertir en héroe”, le dijo Mascherano a Romero ante la mirada de Sabella en el Mundial 2014 en Brasil. Acá parece que le dijeron lo mismo al “Lungo” Javier Erasun. Que detuvo el penal número 9 y luego él mismo se encargó de tomar la pelota con sus manos, hacerse dueño de la situación de éxtasis y convertir el penal más lindo que uno se pudo haber imaginado.

La final con el poderoso Olimpo de tremendas figuras como Schmidt, Rubens Navarro, Depietri, Mercuri. Nada ni nadie amedrentaba este plantel repleto de gloria. En la ida en el “Carminatti” 1 a 1 con una palomita inolvidable de un titán de las dos áreas como Claudio Fabián Mainardi. Y en la vuelta, lo dicho, pase maravilloso del “Calija”, gol fabuloso de “Paquillo” y Ascenso a la segunda categoría más importante del fútbol argentino. Estación Quequén hasta el día de hoy, y aún cuando pasaron 29 años, sigue siendo conocido de Norte a Sur del país. Los libros dirán que fue una epopeya. Tienen razón. Uno le puede estar agradecido a la vida de haber sido contemporáneo de esta leyenda del deporte en general, del fútbol en particular. Claro que sí. Y lograda gracias al glorioso Estación Quequén.

Fuente vídeo: Facebook- Barranca Grande

 

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