“EL MACRISMO ES EL CAMINO MÁS CORTO ENTRE UN PERONISMO Y OTRO PERONISMO”

La expresión pertenece al comentario que hizo un lector ante el duro comentario sobre el rumbo económico del gobierno que hizo el director de La Política Online, Ignacio Fidanza.  Este mismo portal, furiosamente antikirchnerista y presuntamente ligado a la muy derecha peronista, publicó este domingo pasado “Macri se resiste a hacer lo obvio: Desarmar la tríada de la Jefatura de Gabinete, achicar el gabinete a la mitad, dejar de pensar en clave electoral, declararse gobierno de transición y acordar con el peronismo las medidas necesarias para ordenar la macroeconomía.”(Léase acordar con el peronismo no kirchnerista).

Más allá de entusiastas interesados en el fracaso del actual gobierno, Mauricio Macri y su gobierno parecen no estar en control de la situación económica caótica que atravesamos, por no reconocer el origen político de los problemas que nos aquejan. Cambiemos, el Pro, vino a cambiar la política. Desde la Grecia de 2.000 A.C hasta ahora, la política tiene reglas inamovibles. Cuando queremos cambiar la política, ésta nos cambia a nosotros. Las ideologías sirven para caminar, como bien dice Eduardo Galeano, y a su pertenencia nos sometemos consciente o inconscientemente, pero la adaptación a la realidad del trajinar diario es una tarea inherente a la práctica de la administración de la cosa pública, al ejercicio de la política.

El profesor israelí Yuval Harari sostiene que la diferencia esencial entre el ser humano y el resto de los animales es su capacidad de creer en cosas que no existen y actuar en consecuencia.

El equipo del presidente eligió un neoliberalismo de manual para llevar adelante su política económica. Dentro del liberalismo podemos elegir un modelo a favor de la producción de bienes y servicios o un modelo de especulación financiera. Este último modelo fue el elegido, y se apoya en el flujo de divisas que aporta el capital financiero internacional en busca de rentas rápidas y sustanciosas. En países emergentes como la argentina y con deficiencias crónicas de divisas jugar a la libertad de mercado absoluta es suicida. Si se permite un sistema que permita que se lleven los ahorros argentinos, se los llevarán. El problema de jugar sin armas con elefantes en una habitación y pretender no verlos,   es que tarde o temprano terminan aplastándote.

Entre los argentinos crece la intranquilidad y hay una racionalidad impecable de quien comprende que hay dos lecturas económicas: la que miden y expresan  los economistas en su particular jeringoza —donde vamos mal— y la que se mide con los ingresos familiares —donde vamos pésimo—. Por eso el gobierno debe entender el enojo popular y responder a las protestas con profundos cambios en su concepción de la política y de la administración pública.

Mientras se desarrolla la crisis en cada mesa familiar, de amigos o espacio en que se discute política, se siguen los acontecimientos con ansiedad creciente. Falta una eternidad para las elecciones, pero no para tomar las decisiones sobre el rumbo y las alianzas que inevitablemente hará la clase política.

El desarrollo de la crisis en el espacio Cambiemos, es una cuestión clave de análisis en el espacio peronista- Ahí van todas la miradas, incluyendo la del mundo de los negocios que empiezan a sentir que sus intereses no están a salvo bajo el paraguas macrista. Serán esos intereses y no la oposición los que eventualmente pongan fin a la confianza depositada en el gobierno.

   El peronismo, en tanto, luego de sufrir sus dos últimos reveses ha creado un Frankenstein con su propio cuerpo, hecho de partes, de pedazos más o menos pegoteados y no se sabe muy bien cuál de esos pedazos va a prevalecer sobre los otros. Por ahora navega en el espacio con las luces apagadas. Toda restauración del poder es siempre difícil y eso puede generar un desequilibrio, muchas tensiones, desorganización. En política la nostalgia puede ser un sentimiento peligroso. Desde 1983 a la fecha, el peronismo ya se ha reconfigurado dos veces, con la reinstauración de liderazgos fuertes y gran apoyo de la ciudadanía, condujo por más de dos décadas el Estado, desde la restauración democrática. Lo hizo con Carlos Menem luego de la final anticipada del gobierno de Alfonsín y con Néstor Kirchner, luego del interinato de Eduardo Duhalde que sucedió al fracaso del gobierno de la alianza. En los dos casos se dio lugar a una fuerte reorganización del espacio peronista y de modelos económicos radicalmente opuestos entre sí. Los resultados encumbraron candidatos supuestamente “menores” y por lo menos inesperados. Ambos luego de sendas crisis económicas. En política los ejemplos de comparaciones de época y sucesos son siempre desafortunados.

Pero nada está dicho.  Hace mucho que las conductas políticas sociales son impredecibles para el oficialismo. Un dato en contra del gobierno, especialmente los económicos, puede generar huidas despavoridas. Un dato a favor, difundido en las redes produce repentinas fascinaciones. Es lo que se suele llamar “comportamiento en manada”. Jaime Duran Barba es un especialista reconocido en la materia de la interpretación de los humores sociales y sostiene el valor de los relatos creíbles en la construcción de una realidad que es pura virtualidad.

Si el gobierno sortea la crisis, aun estando malherido, tendrá conejos para sacar de la galera.

 

 

 

Comentarios

comentario/s