De abogado a proteccionista de lobos marinos: la extraordinaria historia de un rescatista local

Carlos Leo cambió su vida en el 2015, cuando observó el mal estado que presentaba uno de los mamíferos emblemáticos de nuestra fauna local atrapado en un enmallamiento. Cada año retira cerca de 4 toneladas de basura de la Escollera Sur. Aun así, asegura que en Necochea existe respeto por la vida silvestre.

Allá por el año 2015, un grupo de conservacionistas denunció la aparición de un lobo marino muy mal herido en nuestras costas, producto de un enmallamiento incidental. Esa historia terminó con un rescate exitoso de una ONG marplatense, pero hizo germinar en la cabeza de un abogado local la idea de trabajar en pos de la conservación de la fauna autóctona.

Aquel día, le surgió una pregunta: “¿Qué puedo hacer por esos bellos animales?”, según recordó en el programa radial Voces de la Ciudad el doctor Carlos Alberto Leo, abogado de profesión, aunque ahora convertido en uno de los pocos rescatistas especializado en todo el territorio nacional.

Cada jornada, cuando termina con sus obligaciones profesionales, recorre el paseo enclavado en la Escollera Sur para detectar si alguno de los cerca de mil mamíferos que reposan sobre el margen del Río Quequén precisa de su ayuda, momento que también aprovecha para recoger una parte de las cuatro toneladas de basura que retira anualmente del lugar.

“Es un atractivo muy importante y nuestra misión es conservar la zona para que los turistas puedan sentirse cómodos y ver a estos animales, una cosa que acá es gratis y por la que te cobran en otros lugares, como en Puerto Madryn, donde hay que pagar para verlos a cien metros”, recalcó el conservacionista.

Al respecto y debido a su experiencia «in situ», reveló que la colonia es visitada por muchos extranjeros y clubes de observadores, considerando que “los mamíferos en la ciudad están bien protegidos” y desestimando la posibilidad, desde su punto de vista, de transformar el paseo en una reserva. “Los lobos marinos han elegido ese lugar, están muy bien y tranquilos, siempre que no haya ningún inescrupuloso que los moleste”, dijo en el aire de la FM Vinilo 103.5 MHz.

Y concluyó sobre este tema: “Orgullosamente, en Necochea estamos muy bien concientizados, es un privilegio cómo tratamos a la vida silvestre y marítima”, aunque hizo hincapié en la posibilidad de cuidar algunos aspectos que mejorarían su calidad de vida y evitarían poner en riesgo a la densa colonia que, según su cuenta, esta semana llegó a tener 980 ejemplares, entre los de “un pelo” (Otaria flavescens), que se observan al ingresar a la escollera, y los de “dos pelos” (Arctocephalus australis), que pueden ser divisados sobre el pedregal de la estructura, al adentrarse por el camino que flanquea la entrada de los buques a puerto.

Con respecto a la concientización ambiental, Leo explicó que los accidentes que suelen lastimar a los animales marítimos “son diversos”. En principio, “todo lo que vertimos a la vía pública, por acción u omisión, indefectiblemente va a parar a los caños pluviales. Y cuando esa basura llega al mar o al río, los lobos husmean y terminan comiendo plástico u objetos que no tendrían que comer. Por eso los grandes responsables de los accidentes somos nosotros”.

El otro elemento que afecta notoriamente a la fauna “es el enmallamiento incidental, que es todo lo que se adosa al cuerpo del animal produciéndole dificultades para su traslado y, a veces, la muerte, y que es un fenómeno mundial. El más común es el de los precintos que utilizan las lanchas artesanales para empacar lo que pescan, que se hace todo a bordo. Pero también existen otros, como los aparejos de pesca, señuelos o redes”.

Para terminar, el también rescatista de delfines franciscana, tortugas y aves, entre otras especies, habló de un mito que se reproduce, comúnmente, entre los pescadores, y que culpa a los lobos de la mengua en la cantidad de pescado en la costa. “En realidad no hay pesca por culpa del ser humano. Hoy en día te pasan como una aspiradora los buques por el fondo del lecho del río o mar, más los trasmallos, y no te dejan nada. La naturaleza es sabia y hay comida para todo el mundo”, certificó el experimentado ambientalista.

“El lobo marino es un mamífero oportunista, cuando tiene hambre puede comer hasta moluscos o cefalópodos y consume entre 7 y 14 kilos de peces por día, pero puede estar hasta tres o cuatro sin comer”, enseñó, detallando que “su plato preferido son los cardúmenes de anchoíta y la merluza negra, que está en vía de extinción”, una situación que, en el caso de los lobos no es determinante, pero que sí afecta fuertemente a otras especies.

Sostuvo “el problema es que no hay control de la pesca. Es lo que les pasa a los pingüinos”, ejemplificó, determinando luego que, “para el verano, entre noviembre y hasta abril o mayo, encontramos infinidad de ejemplares muertos en la costa. Son pingüinos jóvenes que no son buenos pescadores y al no ingerir proteínas mueren de hipotermia en su migración a Brasil”, señaló, instando a luchar por políticas públicas que sirvan para cuidar nuestra fauna y que nos permitan seguir disfrutando de estas maravillosas criaturas que son un ícono de la ciudad.