Ese lugar del centro que hace unas cuatro décadas supo ser un emblemático cine llamado Gran Sud, con capacidad para más de 1500 personas, hoy es uno de los puntos del centro que causa vergüenza por su total estado de abandono.

En su momento de mayor esplendor, aquel emblemático cine inaugurado en 1951 fue un generador de recuerdos en el que se podían vivir esos estrenos tan esperados, sin necesidad de irse lejos, porque se encontraba en pleno centro. Incluso era considerado como uno de los mejores de la provincia de Buenos Aires. Hoy solo es hogar de ratas y palomas, que dejan sus excrementos sobre la vereda.

A esto se le suma que algún que otro vecino tiene la gran idea de contribuir con el pésimo estado de conservación que ya tiene el lugar, dejando sus bolsas basura allí para que luego los perros las rompan y desparramen. Claro que una vez que está desparramada, los trabajadores del servicio de recolección local no la van a juntar, quedando allí por varios días o incluso semanas, hasta que a alguien lo sobrepase la indignación y lo junte.

Hace un tiempo, antes las quejas, se había tomado la determinación de hacer un vallado en el frente del edificio, no solo por ser un foco infeccioso, sino por el peligro que podía representar la caída del alero de cemento del cual no se sabe en qué estado está.

Ese supuesto vallado, solo fueron unos palos de madera con unas cintas de «prohibido pasar», las cuales en pocas semanas ya habían sido cortadas por peatones que se aburrieron de tener que caminar por la calle porque la vereda estaba cerrada.

Antes que eso y sin cobrar nada a cambio, el grafitero local Little Foffo se encargó de pintar el gran mural que se ve en todo el frente (sobre la pared construida para tapar los ventanales en el año 2005), que hace que sea mucho más aceptable la imagen dado que si ese dibujo no estuviese, la imagen del lugar sería más horrible de lo que ya es.

Lo que supo ser el cine Gran Sud, del cual muchos necochenses todavía tienen recuerdos, fue puesto a la venta hace unas tres décadas, en septiembre de 1989.

Después de ser un cine, pasó a ser un bingo. Hasta el año 2018, el edificio todavía conservaba el cartel que le daba su nombre original. Ese cartel fue extraído por el peligro que tenía de caerse ya que toda la estructura estaba muy oxidada. En esa oportunidad, también se sacó la parte más blanda del alero.

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