Por la Prof. Marcela Abete (*)

El ciclo lectivo comenzó en marzo. La pandemia nos sorprendió a todos y de repente tuvimos que trabajar desde casa para cuidarnos y apareció el “plan de continuidad pedagógica”. Pasar de enseñar y aprender con la palabra y el pizarrón a hacerlo a través de alguna pantalla no es cosa fácil.

 

Un nuevo formato nos obliga a adaptarnos, a hacer que nuestros estudiantes aprendan utilizando distintos medios: la PC, la tablet, el celular, las plataformas, los programas educativos y la televisión, los cuadernillos. Y allí apareció la magia de los docentes, una vez más, intentando todo para llegar a todos. Desafiando las distancias, las dificultades, las realidades.

Lo que parecía por unos días, se fue extendiendo…y aún no sabemos a ciencia cierta hasta cuándo. Es tiempo de tomarlo con calma, porque si de algo debe servirnos esta situación, debe ser para valorar. Y es ahí cuando cabe reflexionar: ¿está perdido el año escolar?
Personalmente creo que no.

Y pienso en todos los aprendizajes que vamos a adquirir en este año. No solo los alumnos del sistema educativo, sino todos y cada uno desde los diferentes roles: como padres, como hijos, como ciudadanos. Vamos a tener que enseñar y aprender la resiliencia, la empatía, la alteridad, vamos a tener que ejercitar la paciencia y poner en práctica la solidaridad.

Vamos a construir puentes para ser mejores personas porque de esta no salimos solos. Nos vamos a comprometer con el presente y vamos pensar en un futuro con menos “cosas materiales”, con más tiempo para el encuentro cara a cara, para abrazarnos, besarnos, tocarnos, enamorarnos, valorarnos.

Entonces como pensar que el ciclo lectivo está perdido. Ya habrá tiempo para pensar en contenidos, evaluar capacidades o competencias. Hoy, hay que priorizar la palabra, el vínculo, la contención y el acompañamiento. Los conocimientos, los objetivos se irán cumpliendo, tal vez no en el tiempo planificado. Y si algo no llega a verse quedará para el próximo año.

Porque, a decir de Eduardo Galeano:
De nuestros miedos nacen nuestros corajes y en nuestras dudas viven nuestras certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios otra razón. En los extravíos nos esperan hallazgos, porque es preciso perderse para volver a encontrarse.”

(*) Ex inspectora de Educación de Adultos y FP . Actual coordinadora pedagógica del Instituto de Estudios Superiores Río Quequén.

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