Pocas veces se da en un deporte que una figura sea completamente admirada, querida y respetada por todos, sin distinción de banderías. Hay que tener un carisma muy especial, único para conseguirlo y eso lo logró el gran Gustavo Atilio Portugal, «la Chancha» del Barrio Norte.

En estos tiempos modernos donde se discute hasta al mismísimo Messi, o a Cristiano, o a Di María, Gustavo logró que no solo lo ovacionen los de Mataderos, sinó también los de Rivadavia, Estación, Villa del Parque, Huracán, Ministerio, Del Valle… En fin… Todos!!! Y hay que ser de verdad muy grande en la vida, como deportista y como ser humano, para conseguir eso.

Su carácter siempre vino con una sonrisa y sumado a que nunca tuvo enfrentamientos con nadie, hizo que todos los clubes lo quisieran, y por ende, para los futbolistas era un verdadero gusto jugar a su lado.

Si bien el compinche neto, el «socio futbolero» de Gustavo fue Carlos «Quichín» Alvarez, dos extraordinarios delanteros del futbol local como Luis Eduardo Sánchez (en Estación) o Miguel Ángel Landesa (en Rivadavia) hasta el día de hoy recuerdan lo súper saludable que era jugar al lado de Gustavo, que arrastraba marcas, era generoso, nunca arrugaba y siempre dejaba todo para beneficio de la camiseta que le tocaba defender, más allá de su lógico e indiscutido amor por el rojo de Mataderos.

Hay miles de anécdotas. Pero recuerdo una inolvidable. Sabida es la rivalidad deportiva entre Necochea y Mar del Plata. Una tarde jugaban las selecciones juveniles de ambos equipos. Y nos iban ganando. El partido era en cancha de Rivadavia y nos encontramos con Gustavo por casualidad detrás del arco que da a espaldas al centro de la ciudad. El trámite del partido y el resultado era adverso para nosotros. De repente llegó Gustavo, alegre y jovial como siempre, pero ese día con una mueca de fastidio. «Nunca me gustó perder con estos», me dijo. «Por suerte yo les gané con todos los clubes de Necochea…», dijo y se fue, mientras le daba alguna indicación a un punta necochense para que dejara todo… Porque enfrente estaba Mar del Plata !!! Me reí… Lo miré… Y pensé… Como no va a ser ídolo este muchacho!!! Dice lo que tiene que decir. Juega como tiene que jugar…!!!

El correntino José María Silvero, otro gran zaguero de Estudiantes y Boca, vino a Necochea a dirigir un Argentino. Durísimo porque enfrente estaban el mejor Huracán de Tres Arroyos (de Roberto Bottino) y Aldosivi de Mar del Plata. Y Silvero que a lo largo de su vida vio miles de futbolistas, se enamoró rápidamente de la personalidad y del juego de La Chancha Portugal. Enseguida nos recalcó a los periodistas locales que era un elegido. Un distinto. Y así lo fue.

Recuerdo un Nacional jugando para Santamarina de Tandil al lado del gran Abel Coria, y enfrentando a Independiente de Avellaneda. Poderoso equipo de Bochini, Marangoni, Burruchaga. A Gustavo lo marcaban (nada menos) que Villaverde y Trossero. Cancha repleta en Tandil. Partido 0 a 0. Córner. Anticipo de cabeza y goleador de Gustavo Portugal para estampar el 1 a 0 y ser noticia en todos los medios nacionales del país.

Aunque a Gustavo en realidad eso le importaba poco. La fama, la notoriedad, el reconocimiento desmedido, eran palabras pocos empleadas en el vocabulario de su vida. Lo suyo pasaba por la sinceridad, la sencillez, la humildad. Pasarla bien con sus amigos y por supuesto, en el campo de juego, dejar todo para ganar y superar al adversario de turno. Habría decenas de adjetivos que le entrarían de lleno a la personalidad y al juego de Gustavo Portugal. Fue, es y será sencillamente inolvidable… Y querido por todos!!! Que realmente es lo que perdura con el paso de los tiempos.