El Presidente reunió a todos sus ministros y se mostró optimista de cara a octubre. “Todo lo que estamos haciendo no tiene que ver con el dinero ni con la fama, sino con el corazón”, sostuvo.

Tras el baldazo de agua fría que significó perder por 15 puntos ante Alberto Fernández en las PASO, el presidente Mauricio Macri volvió a mostrarse con la fortaleza necesaria para revertir la elección en octubre mientras el país es sacudido por la crisis económica y la volatilidad de los mercados.

La cita fue ante más de mil funcionarios de Nación, Provincia y Ciudad. En un extenso discurso, el líder de Juntos por el Cambio reconoció que la derrota del domingo fue muy dura para el Gobierno, volvió a hacer una autocrítica y arengó a sus dirigentes con el objetivo de “cambiar la historia” en poco más de 70 días.

“El dolor que tenía el domingo cuando vi los resultados, el palazo que nos dimos electoralmente, tenía que ver con el dolor de saber que detrás de ese voto que se había ido, había sufrimiento y bronca. Pero también por el saber de qué iba a traer consecuencias malas en el corto plazo para todos”, confesó el mandatario en el inicio. “Sabía que al perder nosotros el apoyo interno, iba a generar la pérdida de apoyo externo y que eso nos iba a dañar, como pasó en estas horas”, agregó.

El jefe de Estado hizo foco en su errática conferencia de prensa del día lunes, en la que responsabilizó al kirchnerismo por la situación de los mercados e indirectamente al voto de los argentinos. “Mi enojo no era con la gente, sino conmigo mismo. De pensar: ¿qué pude haber hecho para que tantos argentinos que nos acompañaron en 2015 nos siguieran acompañando? ¿Qué pude haber hecho para no exigirles tanto y entender lo que ha sido este último año y medio, a partir de todos los problemas que aparecieron en abril, que transformaron llegar cada fin de mes en el Aconcagua? Se ve que no pudimos o no encontramos la manera de que eso no golpee tanto. Y sabemos que golpeó”.

Sin embargo, Macri advirtió que tiene “70 días para cambiar la historia” e instó a sus funcionarios a “volver a conquista la esperanza” de la gente. “Lo único que les pido que el dolor que tenemos no tiene que ser producto de nuestro ego, sino de los convencidos que estamos cerca de alcanzar una realidad que le cambie la vida a la gente para siempre”, planteó.

Con tono más místico, Macri siguió el mea culpa. “Siempre dije que mi tarea era tratar de ser el último argentino en la procesión. Si yo voy detrás del último, ninguno se va a quedar en el camino. Lamentablemente fallé, no pude estar detrás del último. Voy a tratar de decirles en estas semanas que quedan hasta la elección: ‘Tomé nota. Si te exigí mucho no era porque no te consideraba, sino porque quería darte un resultado más rápido que lo que te va a cambiar la vida para siempre. Pero entiendo que tenemos que buscar otra manera de cómo seguir.

Aunque se trata de un encuentro a puertas cerradas, en el Gobierno saben que el contenido de estos eventos suele filtrarse. “Tenemos un problema real y concreto. La sucesión de cosas que han pasado se le ha hecho la vida muy difícil a mucha gente. Eso agota y desgasta. Llega un punto que no sabés qué cortar, qué suprimir, cómo acomodarte, cómo llegar a fin de mes, la presión de tus hijos, las necesidades. Es una experiencia que nunca la habíamos hecho. Creo que hoy tenemos un desafío gigantesco pero una oportunidad única”.

Y, enseguida, Macri subió el tono y generó el aplauso de su tropa, cuando se mostró con firmeza con la vista en los comicios generales. “Por más que el mundo actúa como si ya no estamos más, y ya están los que vienen; y nos castigan. Tal vez el poder actúa como que nosotros ya no estamos, pero nosotros estamos acá”.

También fue optimista la vicepresidenta Gabriela Michetti. “Estamos con un gol abajo, pero no perdimos el partido”, lanzó, con el vocabulario futbolero al que suele recurrir Macri. Fue el discurso de apertura. La siguieron los radicales Luis Naidenoff y Mario Negri; el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta; y la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal; Elisa Carrió, el candidato a vicepresidente Miguel Pichetto; y, en el final, Macri. En esta ocasión, no habló el jefe de Gabinete, Marcos Peña, en el centro de todas las críticas luego del traspié electoral.

A su turno, Negri encomendó dejar de lado las mezquindades políticas: “Olvídense estos 70 días del cargo, piensen que vinieron a cambiar el país”, dijo el jefe del interbloque de Cambiemos en Diputados.

Luego, Carrió con su típico estilo desafiante, cargó contra el núcleo de Juntos por el Cambio: “Lo que nos define como personas es quiénes están en la derrota, porque en la victoria están todos”. Y apuntó al kirchnerismo: “Yo sólo le digo al pueblo que no vote ladrones, porque nos van a robar”.

Minutos antes tomó la palabra Vidal. “La gente no se equivoca cuando vota, en todo caso nos equivocamos nosotros. Hay asumir que nos podemos haber equivocado. Acá nadie tiene la verdad revelada, esto es algo que hacemos entre todos”.

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