Se acerca la fecha de despedida del sacerdote Fernando Mendoza de Necochea y a la hora de hacer el balance se siente bien, reflexionando en puntos clave como fue la irrupción mundial del Covid 19.
Después de casi siete años al frente de la Parroquia Santa María del Carmen, el párroco Fernando Mendoza se prepara para iniciar una nueva etapa en su vida pastoral. Su próximo destino será la Parroquia Jesús Obrero en Mar del Plata, un traslado que será efectivo a partir del 16 de febrero de 2025. En su reemplazo, llegará el geselino Pablo Bosisio, quien asumirá la tarea de continuar con la labor de Mendoza.
En una entrevista concedida a “Voces de la ciudad” con el periodista Jorge Gómez, el padre Fernando Mendoza reflexionó sobre su tiempo en Necochea, sus aprendizajes y los desafíos que enfrentó. “Uno llega a una comunidad sabiendo que no se eterniza allí, pero eso no significa que no pongamos el corazón en cada lugar que transitamos”, expresó. El sacerdote señaló que había manifestado su disponibilidad al administrador apostólico y fue en septiembre cuando recibió el llamado confirmando su designación a Mar del Plata.
Mendoza reconoció que su tiempo en Necochea fue enriquecedor, pero también desafiante, especialmente debido a la pandemia, que marcó su ministerio en los últimos años. “La pandemia fue dura, pero me ayudó a conocer los resortes y el talante que tiene la Parroquia Santa María del Carmen”, señaló, destacando el esfuerzo de la comunidad para adaptarse y activar iniciativas que él mismo no había previsto.
Durante los seis años que pasó en Necochea, también asumió la responsabilidad de la comunidad de los Capuchinos, un desafío que tomó con entusiasmo, pero consciente de que necesitaban un acompañamiento más pleno. “Les di lo que pude”, mencionó, pero expresó su satisfacción general por el trabajo realizado.
En cuanto al balance de su gestión, Mendoza destacó algunos de los logros alcanzados. En particular, mencionó el fortalecimiento de Cáritas, que ha formado un equipo de trabajo y voluntariado sólido, brindando no solo asistencia alimentaria, sino también apoyo emocional y acompañamiento a las familias necesitadas. Asimismo, subrayó la importancia de la catequesis, una tarea que consideró fundamental en su labor pastoral.
Sin embargo, también hizo una autocrítica. “Quizá no supe promover o acompañar la Pastoral de Juventud”, reconoció, señalando que la falta de grupos parroquiales juveniles es algo que quedó pendiente. Atribuyó esta dificultad a dos factores: el impacto del debate en torno al pañuelo verde (discusión sobre el aborto) y la pandemia, que afectaron profundamente a la juventud y su participación en la iglesia.
Con su partida cercana, Fernando Mendoza se muestra “contento y enamorado de la gente y de la ciudad de Necochea”, dejando la comunidad en manos de Pablo Bosisio, quien asumirá el desafío de continuar y desarrollar lo que queda pendiente. “Me voy con la tranquilidad de haber dado lo mejor de mí”, concluyó.





