La nadadora del Club Huracán y la Selección Argentina, Guadalupe Angiolini, de solo 16 años, pasó por los estudios de “Voces de la Ciudad” y más allá de su 2024 de ensueño a nivel deportivo, contó aspectos de su vida cotidiana y lo que significa ser un deportista de alto rendimiento.
En diálogo con el periodista Jorge Gómez, la subcampeona en las Gimnasiadas Mundiales U18, dueña del Récord Nacional Absoluto en los 50 metros mariposa y ganadora del Puente Colgante de Oro en la Gran Fiesta del Deporte, apunta a las Olimpiadas de 2028 en Los Ángeles como un objetivo a largo plazo. “El tiempo pasa rápido pero hay muchas cosas antes que me gustaría vivir como el Mundial de Mayores, mundiales de categoría, Sudamericanos, Panamericanos y ganar experiencia para poder llegar al Juego Olímpico”.
Pero antes, el balance de este 2024: “Fue muy lindo el año, muy cansador por los viajes, quería que termine realmente. Todo el mundo ve los logros pero es muy cansador, este fin de semana quería que terminara… tocar la pared en los 100 metros mariposa y decir ya está, nadé lo último del año, pero fue un año increíble”. Vale acotar que este fin de semana -para variar- fue triple campeona Nacional Absoluta en Buenos Aires, en 100 metros libres, en 50 y 100 mariposa.
En cuanto a la convivencia con el estudio, definió con su frescura juvenil que “con la escuela fue un quilombo, el primer cuatrimestre lo hice en el CEIA, después pasé a clases virtuales porque realmente no me daban los horarios, pero con los viajes me di cuenta que se me dificultaba así que volví a una escuela presencial, fui a la Media Nº2 para rendir todas las materias que tenía”.
Agregó que “el primer cuatrimestre lo tenía aprobado y pasé por un montón de materias nuevas porque arranqué el año con orientación en Comunicación y después cambié a Sociales y Naturales. Finalmente pude rendir y terminar pero fue muy difícil estar viajando, pensando y haciendo, pasé a 5to Año”.
Más allá de su entrenador Claudio Castagnari y el acompañamiento del Club Hurcán, Guadalupe hace mucho hincapié en el apoyo emocional de su familia. “Somos cuatro hermanos, mi mellizo es Santino, mi hermano mayor Nicolás y mi hermana Agustina… la verdad es que no los veo nunca (risas) y mi hermana vive en España y se extraña mucho, nos comunicamos por videollamada”, para agregar que “sin mis padres (Fabio y Marita) sería imposible, ellos me llevan a todos lados, viajan conmigo y este año por suerte el Puerto Quequén con Jimena López me ha ayudado, pero en años anteriores me bancaban mis padres en todo”.
Desde lo personal, Guada Angiolini se autodefine como “una persona muy ansiosa y muy competitiva. Soy bastante tímida y este año la psicóloga me ayudó mucho a expresarme en mi vida cotidiana porque a veces no saludaba a la gente por darme vergüenza, o simplemente porque si estaba sin los lentes no los veía”. A propósito de los lentes, actualmente la joven nadadora utiliza de contacto.
En cuanto a anécdotas de viajes, sabiendo que este año más allá de los nacionales estuvo con la Selección en Australia y Baréin, Angiolini aseguró que “Estados Unidos, China y Australia están a otro nivel deportivo y de entrenamiento, se nota mucho la diferencia”, y contó entre risas que “en Baréin fue bastante fea la comida y fuera de lugar, nos daban cosas picantes y muy condimentadas, no era buena la alimentación para competidores, hasta que en el último día pedimos milanesas… estuvimos un mes sin comer milanesas, pero nos hicieron y estábamos re contentos”.
Además, reveló que “todos los lugares donde llegás y ven que sos de Argentina te preguntan por Messi y te piden foto porque se piensan que conocés a Messi”.
Ahora, Guadalupe se encuentra relajada por unos días, antes de empezar a entrenar a todo ritmo. “Estoy descansando, doy clases en la pileta del Club Huracán, pero descanso un poco de nadar hasta enero que arrancamos la pretemporada”.
Finalmente, Guadalupe señaló que “la natación es muy exigente, vivís por y para eso si es que te querés dedicar, nado todos los días doble turno tres veces por semana, más Kinesiología y gimnasio tres días. Los viernes era el peor día, salía de la escuela a las 13, me iba a nadar, de la pileta al gimnasio y del gimnasio otra vez a nadar. El reloj y uno mismo son los contrincantes”.





