Horas después de que Argentina hiciera historia en Tokio, el gran referente del vóley necochense, Pablo Meana, dijo sentirse muy emocionado y reveló que en grupos con amigos y excompañeros venía sosteniendo hacía rato que Argentina podía ganar una medalla. Además, recordó su participación en Sidney 2000, donde quedaron muy cerca de traerse la medalla de bronce.
Pablo “Ruso” Meana, el necochense que hizo historia grande en el vóley local, llegando a ser figura en el viejo continente, fue a su vez uno de los grandes referentes de la Selección argentina de vóley en el comienzo de los años 2000, consiguiendo un grandioso cuarto puesto en los Juegos Olímpicos de Sidney.
A más de 20 años de aquella gran labor, y radicado en Necochea trabajando con el vóley del Club Huracán, el “Ruso” disfrutó de la hazaña de la Selección en los Juegos de Tokio, llegando a la medalla de bronce de la mano del entrenador Marcelo Méndez, 33 años después de aquel también histórico bronce en Seúl 1988, y también tras derrotar a Brasil por 3-2, en lo que era hasta ayer la única medalla del vóley argentino en Juegos Olímpicos.
Consultado por Primicias2262, acerca de cómo había vivido el partido ante Brasil y el desempeño general de la Selección de vóley en Tokio 2020, el “Ruso” Meana expresó que “siento mucha emoción y estoy muy contento, casi que dormí una hora y media nomás porque tuvimos torneo en el club desde las 8 y media de la mañana hasta la noche, así que honrando esto fantástico que pasó”, en referencia a que el partido de Argentina por el bronce culminó después de las 4 de la mañana del sábado y pocas horas después el Ruso tenía actividad en Huracán a lo largo de todo el día.
Pero lo curioso, fue la anécdota que contó Meana, la cual reveló la fe que le tenía al seleccionado actual: “Siempre lo dije, tenemos un grupo de vóley acá, más los amigos, más los brasileños, que íbamos a ganar medalla, y se me reían en la cara… pero ahí está el resultado. Estos pibes se lo merecen por todo el trabajo de ellos y el cuerpo técnico, son unos fenómenos”.
Siguió refiriéndose al plantel actual describiendo que “los conozco de hace un montón y laburan a morir, por eso estoy orgulloso y espero que todo esto sirva para que el vóley siga creciendo y podamos tener más jugadores y masividad, porque Francia, Rusia y Brasil son potencia (Francia fue medalla de oro y Rusia de plata). Ojala que sirva para que muchos chicos se vuelquen al vóley”.
Asimismo, Pablo no podía dejar pasar aquella experiencia olímpica en Australia hace más de 20 años, donde quedaron a las puertas de la medalla de bronce tras caer con Italia. “Obvio que me hace acordar a todo lo que pasamos y vivimos en los Juegos Olímpicos”, sintetizó acerca de aquel capítulo imborrable.
El dato representativo que une a aquella selección del 2000 que integraba Pablo Meana como líbero, con la de Seúl 1988 y la que se acaba de consagrar con medalla de bronce en Tokio 2020, es que también derrotó a Brasil, aunque en Sidney 2000 fue en la instancia de cuartos de final por un contundente 3-1. Luego Argentina cayó en semifinales con Rusia y no pudo hacer pie con Italia en el partido por el 3er puesto.
Además de Meana en su apogeo, aquel equipo contaba con los últimos cartuchos del “Twister” Hugo Conte -papá de Facundo-, quien a su vez había sido figura del 3er puesto en el Mundial del ’82 y la medalla de bronce en Seúl ’88; y la jerarquía de Javier Weber y Marcos Milinkovic. Completaban aquel plantel dirigido por Carlos Getzelevich y Waldo Kantor, Jerónimo Bidegain, Christian Lares, Leandro Maly, Leonardo Patti, Pablo Pereira, Juan Pablo Porello, Alejandro Spajic y Sebastián Firpo.
Argentina debió luchar duro en el grupo inicial que compartía en Sidney con Yugoslavia, Rusia e Italia -a la postre los respectivos ganadores del oro, plata y bronce en los Juegos-, pero los triunfos iniciales ante Estados Unidos y Corea del Sur le dieron el pasaje a cuartos de final donde se venía el mejor primero y candidato a llevarse la medalla de oro: Brasil, que le había ganado los últimos 21 enfrentamientos a Argentina, pero aquel 27 de septiembre del 2000, el “Ruso” y sus compañeros estaban destinados a escribir una página gloriosa del vóley nacional, que bien vale traer a este presente mágico, 21 años después, con la medalla de bronce lograda en Tokio, ante el mismo rival de toda la vida.
En cuanto a la carrera del Ruso, tras iniciar su camino en 1997 en Luz y Fuerza de nuestra ciudad, con quien también hizo historia al ganar la Liga Argentina de Clubes en 1998, y sumarse a la Selección en 1999, en 2002 llegó su primera incursión europea, al pasar al AEK Atenas griego, aunque la experiencia no fue del todo bien y al poco tiempo recayó en Rusia, donde hizo un gran camino en el Lokomotiv Belgorod. Desde lo individual, en el Mundial 2002 (donde Argentina culminó 6º) fue elegido como el mejor Receptor del mundo.

