En el Taller Protegido «Todo Para Ellos» se le da un nuevo destino al plástico que los vecinos desechamos diariamente, creando 42 puestos laborales de calidad para personas con discapacidad y generando conciencia sobre el cuidado ambiental. Además, a través de la asociación civil coexisten un Centro de Día y un Hogar, cuya nueva sede está a punto de inaugurase para permitir duplicar la cantidad de residentes.
Con el comienzo de cada jornada, las máquinas del Taller Protegido “Todo Para Ellos” se encienden para dar un nuevo destino al plástico que los necochenses descartamos y, con ello, a la esperanza de que, con voluntad, esfuerzo y creatividad, las oportunidades pueden brotar y generar verdadera inclusión.
Controlando el funcionamiento de una de las líneas de procesamiento, la que convierte el PET cristal en escama molida, lavada y seca, el nuevo producto estrella con el que la entidad está saliendo, la directora Mónica Pissarro cuenta orgullosa que ese material se convertirá, en un futuro no tan lejano, en escobillones y escobas de plástico gracias al convenio con una empresa bonaerense.
Entrevistada por el periodista Hugo Tomassini para el programa radial Voces de la Ciudad, la terapista ocupacional detalla que, además, intercaladas con estas jornadas de trabajo, los operarios también se están capacitando en lo que es la inyección de plástico y ya cuentan con algunos logros: “Hemos entregado a nuestro primer cliente de Necochea más de 2000 golpes de inyección para futuras boyas de pesca”, describe.
“Hay otros destinos, el mercado es amplio, pero nosotros estamos recién iniciándonos”, explica con modestia la directora, entendiendo que el camino es largo y que “vamos dando pasitos adelante en este objetivo por el que tanto hemos luchado, que es agregar valor pensando en mejorar los puestos de trabajo”.
En situaciones normales, la planta de procesamiento ocupa a 42 personas con discapacidad, quienes son orientados por coordinadores para cumplir con todos los estándares que requiere este proceso de reciclado.
Saliendo de la cuarentena y a punto de tener al ciento por ciento de la plantilla a disposición, “esto nos permite reorganizarnos, volver a distribuirnos entre las dos sedes y en la prestación de servicios en la calesita del Parque (Miguel Lillo, en Avenida 10 entre 91 y 93) y en el carrusel de la Plaza San Martín”, enumera Pissarro, feliz porque “todo siga en marcha”.
Agradeció a todos los vecinos “que han tomado conciencia” y que “día a día separan el material y lo acercan al Punto Limpio”, la profesional de la salud agregó que no espera en revelar que está pronta a suceder la inauguración del nuevo hogar con el que contará la asociación, y que les permitirá duplicar la cantidad de residentes.
“Estamos muy contentos porque hemos podido avanzar con la obra y el equipamiento. Faltan mínimos detalles y cuestiones administrativas, como la habilitación que nos permita trasladarnos, pero ya estamos trabajando en las nuevas incorporaciones”, asegura Pissarro.
En este espacio, que albergará a una treintena de personas (el viejo tenía capacidad para 15), convivirán, tal como en la actualidad, algunos de los trabajadores del taller y otros que concurren al Centro de Día, los tres servicios que se complementan y que terminan de cerrar un círculo virtuoso que tiene como principal objetivo incluir y como primera fuente de energía al amor por el otro.





