Tras 122 años de presencia en Liniers, el Mercado Agroganadero cumplió su segundo mes en Cañuelas y tanto los directivos como sus trabajadores se mostraron optimistas sobre su presente y futuro.
En el flamante mercado, lo moderno y lo tradicional se conjugan en las 110 hectáreas que ocupan la nueva sede ubicada a 60 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires y que requirió una inversión de US$ 25 millones.
El camino no fue fácil. Liniers tuvo numerosos proyectos de mudanza desde los años 70, con proyectos que contemplaban la posibilidad de mudar el mercado a Mercedes, Chascomús, San Vicente o Lujan, entre otras localidades.
«Los 45 consignatarios habíamos comprado un campo en San Vicente pero cambiaron la zonificación y ya no se podía hacer un mercado. Entonces, desesperadamente salimos a buscar un lugar, pactamos con los desarrolladores y nos proponen un campo en Cañuelas», señaló Santillán a Télam acerca del predio cuya construcción comenzó en 2019 y que, pandemia de por medio y tras numerosas pruebas piloto al comenzar este año, abrió el último 18 de mayo.
De forma similar a una línea de montaje industrial, el ganado circula por una calle central a cielo abierto, y de allí es llevado a los corrales de recepción.
Tras atravesar el control sanitario y ser clasificados y pesados, los animales son conducidos a una de las dos grandes alas paralelas del mercado que compone 41.000 metros cuadrados entre ambos y cuyos techos, preparados para la instalación de paneles solares, permiten la reutilización del agua de lluvia para el lavado de los camiones y los corrales a través de un sistema de cañerías y un aljibe subterráneo.
Finalmente, una vez realizados los típicos remates que se desarrollan en los 750 corrales de venta, el ganado, ya vendido, vuelve a ser cargado en camiones jaulas de frigoríficos, matarifes y supermercados como cierre del ciclo de venta primario.
«Está funcionando bien con los inconvenientes de adaptación que produce una mudanza de un lugar donde se estuvo trabajando más de 100 años, pero los vamos superando día a día», explicó Santillán, quien es también presidente de la Cámara Argentina de Consignatarios de Ganado.
Pero finalmente llegó lo que, Juan Santillán, miembro del directorio del Mercado Agroganadero (MAG) calificó como el «ultimátum»: la aplicación de la ley 622 de la Legislatura porteña -aprobada en 2001 y prorrogada 16 veces- que prohíbe el ingreso de ganado en pie a la Ciudad.





