Valentina Facal es una joven necochense que hace poco tiempo decidió dar un vuelco a su vida y migrar hacia los Estados Unidos para capacitarse en la disciplina artística que ama y la completa: el ballet. Con tan solo 18 años dejó a su familia y las amistades que la cobijaron desde pequeña y se instaló en Carolina del Norte para aprovechar una beca de formación que recibió gracias a su talento y esfuerzo.
La joven necochense bailarina de ballet migró hace cuatro años a Norteamérica y actualmente reside en Boise, Idaho, una ciudad al oeste de Estados Unidos, donde sigue capacitándose en baile y forma parte de una compañía de 21 bailarines con los que realiza diferentes presentaciones.
De visita a su ciudad de origen Valentina pasó por los estudios de “Voces de la Ciudad” y durante una nota realizada por el periodista Jorge Gómez contó que “estoy en un “training program”, similar a cuando terminás la universidad y hacés pasantías antes de trabajar, en este caso en la danza tenés un par de años que hacés estos programas, donde bailás con compañías y te vas interiorizando un poco más en la vida de las mismas para cuando trabajemos. La compañía tiene 21 bailarines y somos 19 “trainis”.
La necochense reveló que “es complicado llegar a ser parte de una compañía de ballet y más siendo extranjera, de hecho hay compañías que no están registradas para dar visas entonces hay ciertas limitaciones para los extranjeros, pero estamos haciendo todo lo posible, he audicionado en un montón de lugares y tengo que esperar algunas respuestas para ver qué surge”.
Antes de arribar a Boise, Facal estuvo tres años en un conservatorio de Carolina del Norte y definió que actualmente se encuentra “en un puente entre ser estudiante y ser profesional”, a lo que acotó que “he hablado con todos los maestros que he tenido y directores y me han dicho que es posible y que estoy al nivel y estoy preparada, aunque a veces las oportunidades no dependen de uno, pero nuestra carrera tiene que ver mucho con estar en el lugar indicado, el momento indicado y con la persona indicada”.
Luego, rememoró cuando con mucha decisión y amor por lo que hace la llevó a viajar por primera vez cuando tenía 14 años: “Me fui por un mes, y después a los 15 años a Carolina del Norte por seis meses”, y ya acostumbrada al trajín diario manifestó que “ser bailarina es un trabajo de tiempo completo: me levanto a las seis de la mañana, me preparo y me voy a la compañía en bicicleta porque me queda cerca, de 9 a 17 hs. tenemos clases y ensayos, con una hora de descanso para almorzar, y generalmente trabajamos de lunes a viernes pero hay semanas más intensas de lunes a sábados y los fines de semana con funciones son intensos porque entramos a las 8 de la mañana y salimos a las 11 de la noche. No es trabajo porque no me pagan, pero estamos con la compañía por si nos necesitan”.
Resaltó con mucha emoción que su familia siempre la ha acompañado y apoyado a la distancia “porque saben que es por mi sueño”, y fuera de la danza, definió que en Estados Unidos “la vida no es tan distinta a la de acá, por ahí tienen un poco más de organización, pero lo que me encanta de Argentina es que no estamos tan pendientes del tiempo y los horarios de organización… allá es como todo muy organizado y el que está acostumbrado a vivir relajado en un montón de cuestiones es distinto”.
Además, aseguró que “los argentinos nos manejamos con otra calidez humana y somos más afectuosos, allá son más distantes, Argentina tiene mucho para dar”.





