Aquel 5 de junio de 1988 permanecerá por siempre en la memoria colectiva de Quequén-Necochea, con la hazaña de Estación Quequén y su ascenso al Nacional B de fútbol, tras vencer por 1-0 a Olimpo de Bahía Blanca en el estadio de las Aguas Corrientes, poco tiempo después rebautizado como Panamericano, con el inolvidable tanto del goleador eterno de nuestras tierras, Luis “Paquillo Sánchez”.
Erasun; Dindart, Pérez, Fabián Mainardi y Carlos Beguiristain; Márquez, Sergio Mainardi y Molina; Dialeva, Sánchez y Guerrero, fueron los 11 elegidos por Oreste «Quito» Ortiz y que lograron pasar a la hitoria, junto con los ingresos en el transcurso del partido de Pedro Dinizio por Molina y José Beguiristain por Guerrero.
Otros integrantes de aquel campeón fueron Sergio Portugal, Mateo Martinez Kressi, Daniel Fernández, Julio Staropoli, Miguel López, Esteban Modesto, Claudio Oliver, Gustavo Cárdenas, Luis Lambertini, Alejandro Fernández, Jose Vigñals, Carlos Alvarez y Carlos González.
Cada día que pasa, aquel grupo de muchachos conformado en su mayoría por la camada histórica seleccionada por el querido «Gordo» Raúl Ugarte y «Quito», se hace más grande en el amor y sentimiento de toda la comunidad futbolera local.

Quedarán para el recuerdo el 1-1 conseguido en la ida en el ‘Roberto Carminatti’ de Bahía, y el último cuarto de hora más feliz, dramático y frenético de la historia del fútbol local, con el largo pase del «Calija» Guerrero, el control y definición de «Paquillo» sobre el arco que da al centro de la ciudad, el aguante hasta el final del partido del equipo y la multitud toda, y el relato inolvidable del recordado Juan Alberto Poteca.
El partido era tan parejo como el de Bahía Blanca, hasta que a los 31 minutos Luis Sánchez sacó un remate de derecha que se metió en ese arco visitante. Estación aguantó el marcador y con el pitazo final consumó la hazaña. De aquel octavo campeonato ’86 en Necochea, de aquel Interior ’87/88, Estación Quequén era nacional y se metía en la segunda categoría del fútbol argentino.
El albiverde tenía apenas 19 años de vida. Se había fundado un 18 de octubre de 1969 y había conquistado la liga local ya siete veces, cinco seguidas entre 1974 y 1978. Pero desde 1981 no había vuelto a ganarla, hasta que en 1986 sorprendió al obtener el título y clasificarse para el antiguo Torneo del Interior, que hoy sería un Federal A, el que daba lugares en el Zonal Sureste y Noroeste, dos minitorneos que a su vez ponían a un equipo en el segundo certamen de la AFA. El once dirigido por Or Ortiz, tío del joven presidente José Luis Ortiz, dio una muestra de lo que haría después con un trabajo sólido, que culminó el 3 de abril de 1988, cuando venció 3-1 a Argentino de Pehuajó y fue al recordado Zonal junto a otros clubes de otras regiones y dos de la Primera B Metropolitana.
El 23 de abril, Estación comenzó su sueño en los cuartos de final con derrota. Sol de Mayo de Viedma, Río Negro, lo vencía 2-1 (gol de Guerrero) y lo obligaba a sacar dos tantos de diferencia para pasar. Y el 30, lo logró en la cancha de Rivadavia, ganando 4-2 gracias a Mario Márquez de penal, Sergio Mainardi, Fabián Mainardi y Pablo Dialeva.
El 8 de mayo le esperaba el popular Almagro, que tenía varias figuras del ascenso como el arquero Norberto Peratta, Roberto «Beto» Horvath, Ariel Perticarari y un talentoso número 10 llamado Ricardo Caruso Lombardi. Pero el quequense ganó 1-0 la ida con tanto de «Paquillo» Sánchez. La vuelta, el 21 en José Ingenieros fue reñida, Almagro ganó también 1-0 (Carlos Pérez en contra) pero no pudo alargar la diferencia en el suplementario y fueron a los penales, donde el «Lungo» Erasún fue el abanderado del enorme triunfo 8-7, atajando el tiro de Perticarari y marcando el último para poner al humilde Estación en la final por un lugar en el entonces llamado Nacional B.





