Controversial como de costumbre, el doctor Gastón Fernández Palma, otrora candidato a intendente de Necochea en 2003, entregó su visión de la realidad argentina con mucho pesimismo y fue con los tapones de punta contra la parte política: afirmó que buscan sueldos interesantes y jubilarse bien, y en ese sentido apuntó contra sus colegas Maximiliano Delfino y Daniel Molina.
A sus 82 años, Gastón Fernández Palma pasó por los estudios de Voces de la Ciudad y en una charla con el periodista Jorge Gómez describió su visión de Argentina, donde enfatizó que no se vive en democracia, sino en una kakistrocracia: “No somos democracia porque no tenemos nada de la democracia, excepto ir a votar, pero sí somos kakistocracia… en griego kakisto es lo peor, somos el gobierno de los peores”, vociferó.
Quien fuera candidato a intendente hace 20 años comenzó esgrimiendo que antes el conocimiento se adquiría leyendo y no googleando en un minuto, “y la ancianidad sumada a la experiencia por todo lo que uno ha vivido me hace decir que el país está mal, ha perdido totalmente esos conceptos que lo hicieron grande en distintas etapas, como por ejemplo la meritocracia”.
Opinó en ese sentido con aires de superioridad que “yo creo que no somos todos iguales, ya la naturaleza no te hace igual, y después se suman factores que te dicen que no somos todos iguales. El tipo que estudió y se sacrificó no es igual que el tipo que no lo hizo”, acotando que “la mejor fotografía que podríamos tener hoy para todo este desastre que es la mecánica de la gestión pública, sería un gran candado puesto en la puerta del municipio, la gobernación y la república, es decir, acá no entra nadie más y el que tenga que laburar que lo haga en el sector privado, y el día que se necesite alguien en el Estado tiene que ser puesto por concurso de antecedentes y oposición para que vaya el mejor, aunque no sea mi hijo, mi amigo, mi amante o mujer… tiene que ir el mejor, no importa el partido político que sea, y eso es meritocracia. En cambio, los puestos políticos son generados por la podredumbre social y cultural que vivimos”.
Argumentó el doctor que “la meritocracia te permitía que un tipo como Favaloro fuera el mejor cardiocirujano del mundo en su momento, que un hombre de estratos medios de la sociedad como Houssay (Bernardo, médico, catedrático y farmacéutico argentino) fuera Premio Nobel, que Milstein (César, Licenciado nacido en Bahía Blanca) con un FIAT 600 se fuera a Inglaterra porque acá no lo reconocíamos y con sus anticuerpos monoclonales fuera Premio Nobeel; que Leloir (Federico, médico y bioquímico) con un laboratorio que era una especie de cocinita con sillas de madera fuera Premio Nobel… es decir que tenemos premios nobel que Argentina ni conoce, le mencionás a cualquier chico de colegio o cualquier persona de cualquier estrato social quiénes eran estos tres y no tienen ni idea. En cambio sí te van a saber decir quién es el 4 de Temperley o de Dock Sud… todos esos valores se han perdido y la Argentina está extraviada por culpas varias y concurrentes”.
El último proceso militar
A la hora de hacer un repaso histórico de la degradación de la sociedad argentina que denuncia, Fernández Palma aseguró que “echarle la culpa a la Dictadura Militar es un disco viejo, ya no tiene nada que ver, sino que tenemos que tomar en cuenta que estamos en una ciudad mitómana, corrupta, falsa, concupiscente y cómplice”, y justificó que “en 1976 vivíamos una situación totalmente anárquica, similar a la situación que vive el oficialismo hoy, divididos por un lado y otro, y la sociedad pidió a gritos lo que pasó, y cuando pasó la gente se calló la boca y los apoyó con su silencio, ese silencio cómplice en el que estábamos todos incluidos, yo también fui un calladito”.
-“Pero hubo muertos, ¿se acuerda?, le sugiere Gómez, “sí, pero los mismos muertos que hubo antes”, dijo Fernández Palma, agregando que “después vino lo que todos hemos vivido: un general borracho pegando gritos desde un balcón y todos los argentinos detrás de él diciendo pelotudeces, yo me acuerdo haber contribuido con novillos, trigo, vaquillonas, soja y todo desapareció en las municipalidades, nada llegó a los Héroes de Malvinas”.
En su descripción cronológica continuó repasando que “después de eso dijimos vamos a comer, estudiar y educar con la democracia… pero vamos a gobernar sin cerebro. Cada vez hay un mayor deterioro de la meritocracia y de la política que continúa hasta hoy… hoy la política es un triste circo, absolutamente ridículo”.
En ese sentido, y sin nombrarlos, cargó contra dos colegas suyos de la ciudad como Maximiliano Delfino y el ex Intendente -ya jubilado- Daniel Molina, quien ganó precisamente aquellas elecciones de 2003 en las que compitió por ese cargo.
Respecto al actual precandidato a intendente Maximiliano Delfino, sin nombrarlo, manifestó que “el otro día en un canal de Youtube un médico local se postulaba a intendente… no lo conozco, pero es como si yo me postulo a director del Departamento Nacional de Energía Nuclear… la absoluta falta de autocrítica y de sinceramiento que tienen los participantes de la sociedad, asusta. Una persona que se siente con derecho a gobernar la principal empresa de Necochea, que es el municipio, se anima a decir con una total irresponsabilidad que lo él sabe hacer bien es ordenar las historias clínicas. Eso no es un programa de gobierno, eso es una patética búsqueda de un sueldo interesante, como todos los que han pasado por ese puesto”, y enseguida se refirió a Molina, también sin nombrarlo: “Conozco otro colega cuyo máximo programa político fue jubilarse bien”.
“Es decir -prosiguió- que la política ni siquiera es un negocio, es un ámbito miserable de exhibición de nuestras incapacidades e irresponsabilidades. El problema es que no existe un programa mínimo de consensos escritos, verificables y serios que se mantenga como política de Estado mucho tiempo, y sin eso no hay salida. La política de Estado municipal no pasa por decir que vamos a hacer una historia clínica única o que voy a hacer un muro de defensa en la calle para frenar los autos, pasa por tener una política de Estado”.
Asimismo, apuntó duramente contra los legisladores: “La plata que se reparte entre diputados es una verdadera vergüenza a la que llegan pelotudos que no tienen la más puta idea de lo que tienen que hacer. Si el Intendente tuviera el sentido común de juntar a toda esa biodiversidad política de la Quinta Sección y les encargara insistir en los ámbitos nacionales y provinciales de la generación de la nueva ley de coparticipación federal, hoy tendríamos la lógica de decir que esta zona genera una enorme cantidad de riqueza por su actividad agropecuaria, logística, turística, pesquera y portuaria… eso sería una política de Estado y así Necochea no necesitaría andar rogando de rodillas que le manden un peso para pagar una planta municipal de empleados y no hacer absolutamente nada más”.
Orgulloso porque sabe hablar tres idiomas, aseguró que “hoy la persona que no habla inglés es un ignorante y un analfabeto total”, y acotó que “yo conocí otra Necochea, una ciudad brillante, contenedora de comunidades diversas, donde convivíamos todos, había trabajo y no había tensión social; pero esa comunión con esperanza ha desaparecido, como las políticas de Estado de crecimiento sin tensión social. Quiere decir que una sociedad mínimamente ordenada, con respuestas a la meritocracia, con objetivos muy claros y con una comunión política que conjugue lo económico, social y cultural no sé en qué año se dará, es posible, pero yo ya no lo voy a ver”.
Finalmente, le respondió a quienes lo acusan de gorila: “Si por gorila se entiende una persona que ha nacido en el ’41, que ha vivido el avance corporativo fascista y nazi, posterior a la generación del GOU, que vio un país creciendo en armonía y que cayó en un corporativismo fascista, clerical y absolutamente inconducente que nos llevó a esto, si ser contrario a eso es ser gorila, entonces sí lo soy”.





