El peluquero estilista, Luis Cerimelo, cumple 43 años de la primera vez que abrío el salón en la 59 Nº 4135 entre 86 y 88, estando actualmente en 59 entre 88 y 90, y pasó por los estudios de “Voces de la ciudad” para rememorar distintas épocas durante una nota realizada por el periodista Jorge Gómez.
Cerimelo reveló al principio que “ahora voy a cumplir 68 años, me había recibido en Buenos Aires y abrí el negocio con 25 años, mi papá era peluquero y yo no sabía ni lo que quería hacer de mi vida, mi sueño era subirme a un crucero y viajar por el mundo, hasta que teniendo 24 años molestaba en mi casa, me agarró el apuro, no me gustaba cumplir horarios ni que me mandaran, así que me fui a estudiar peluquería a Buenos Aires”.
Recordó que trabajó en la churrería El Topo para juntar plata e irse a realizar el curso, el cual era intensivo. “Me fui a hacer un curso muy intenso de dos meses, iba todos los días de 9 a 12.30 y de 15 a 19.30, cortaba continuamente el pelo, entre 20 y 25 cabezas y quedaba re cansado”, para contar como anécdota que “un día nos llevaron al regimiento de sanidad con otros 9 compañeros, yo había ingresado al curso hacía una semana y me pusieron a cargo del grupo, nos dejaron adentro y había 111 conscriptos a los que había que cortarle el pelo y pelarlos. Fui porque me había quedado sin plata para comer por pagar el curso y ahí nos daban de comer”.
No obstante, cuando ni bien regresó a Necochea se pescó una desilusión. “Cuando volví tenía la expectativa de que mis amigos se iban a cortar el pelo conmigo y no fue ni uno, salíamos los fines de semana y estaban todos con el pelo cortado, lo que fue mi primera gran desilusión, ya que mi expectativa era muy grande… pero comencé a hacer mi clientela de a poquito, con muchos de los cuales nos hicimos amigos, muchos muy buenos clientes y después mis amigos se hicieron clientes, y así fue creciendo”.
En cuanto al tema de las “confesiones” en la peluquería, Cerimelo señaló que “se produce una simbiosis con el cliente, y por ejemplo cuando conozco a alguien hace 20 años y viene y me pide un corte con determinadas características la primera pregunta que me sale sin filtro es “¿te separaste?”… además hay chusmeríos y cosas profundas como enfermedades que me cuentan y me van quedando, o conversaciones totalmente estúpidas”.
Yendo más a la parte de estilista, señaló que “siempre me gustó más cortarle a mujeres porque la creación es mejor con el pelo largo, en cambio el hombre es más corto y no podés crear mucho, pero con las mujeres tenés diferentes fisonomías y un montón de cosas que uno tiene que ver. Como estilista uno crea algo sobre una persona”.
Cerimelo aseguró además que “amo la peluquería y me pone muy mal y me molesta cuando otros colegas abren y lo primero que ponen es la tarifa… vos tenés que dar buena calidad de servicio porque la gente va a volver por tu calidad de trabajo más que por tu precio, por calidad de trabajo ganás o perdés un cliente, por el precio lo recuperás o no porque sube o baja, si estoy caro, bajo el precio y se llena de gente, pero yo quiero que la gente vuelva por mi calidad de trabajo, ahí es donde apuntó y por eso siempre me he perfeccionado”.
Tras definirse como una persona auténtica que dice lo mismo en la peluquería, en la radio o en la calle, Cerimelo concluyó que “he usado todas las herramientas habidas y por haber, soy un fanático de estudiar técnicas de cortes, te puedo cortar con un vidrio o con un cuchillo afilado, pero a mí lo que me interesa es la técnica”, y si bien reconoce que la tecnología ha llegado al oficio, aseguró que “básicamente el peluquero es una tijera, un peine y una maquinita, me meto eso al bolsillo y yo con eso vivo”.





