Miembros de la Asociación Civil de Cultura Cannábica de Necochea y Quequén se movilizaron este lunes para acompañar y pedir la libertad de Santiago Aicardo, el joven activista de 25 años que el miércoles pasado fuera detenido tras un allanamiento realizado en una vivienda de calle 50 entre 69 y 71, donde la Policía secuestró más de 300 plantas de marihuana, bolsas de tierra para el desarrollo de los cultivos y diversos elementos.
Los manifestantes se concentraron pacíficamente frente a la sede de la Fiscalía Federal de Necochea, ubicada en 62 entre 53 y 53, lugar al que ingresaron una hermana del detenido y otras dos personas, y más tarde marcharon hasta la Comisaría Primera lugar donde se encuentra alojado Aicardo.
En tanto en las últimas horas se conoció un comunicado de la Asociación Civil de Cultura Cannábica de Necochea y Quequén en el que se indica que «Santiago no es un narcotraficante» porque «el cultivo que desarrollaba en su casa tenía las características de otros que se desarrollan en todo el país como proyectos de investigación que están siendo apadrinados por el ministerio de Salud».
«Inscripto al REPROCANN, Santiago producía una gran cantidad de variantes de plantas que sirven para la elaboración de aceites y buena parte del cultivo destruído estaba destinado a ese fin», se indicó.
Puntualizó la entidad que el joven «es un miembro activo de la ONG y cultivador solidario, que asistió en la provisión de aceites cannábicos a numerosos vecinos de nuestra ciudad a través de donaciones» y agregó que «para la producción de aceite se necesita desarrollar diferentes genéticas para ir variando la provisión a medida que los usuarios generan tolerancia lo que provoca que su efecto disminuya notablemente».
En ese sentido, puntualizó que «el cambio de genéticas y cepas es fundamental para que el tratamiento funcione de manera eficiente, por lo que Santiago tenía plantas de diferentes genéticas que iba intercalando para producir distintos preparados que mantuvieran los efectos que precisan los usuarios terapéuticos».
«A raíz de ello, debía mantener una inmensa cantidad de plantas entre madres (plantas que conservan las genéticas), esquejes (pequeños tallos que se extraen de las madres para conservar las diferentes variedades), y plantas en flora, que (en este caso) representaban una cantidad que podía aprovisionar por dos meses a una decena de usuarios, justificó la ONG.
También consideró que «la falta de información en la opinión pública ha posibilitado una vez más la estigmatización de los cultivadores y su criminalización a manos de una policía y un sistema judicial que sigue una premisa que no se ajusta a la reglamentación vigente, criminalizando a Santiago tratando de señalarlo como narcotraficante cuando en realidad desarrollaba un cultivo que permite conservar genéticas locales».
FOTOS: Estefanía Dray







