Un pedazo grande de la historia del fútbol del Club Rivadavia se retiró el domingo pasado: será raro ya no verlo al “Turco” Diego Elía con la camiseta decana Nº 5 y la cinta de capitán en la mitad de la cancha, pero lo cierto es que todo concluye al fin y en el fútbol pos pandemia, esta gloria del club centenario decidió despedirse a los 43 años y tuvo el privilegio de hacerlo dentro de una cancha de fútbol, en su segunda casa, el Panamericano, y con el acompañamiento de su familia.
El resultado del último partido, derrota 1-2 frente a Sportivo SC será anecdótico, lo que le quedará al Turco en sus retinas serán tantos campeonatos ganados con esa camiseta (fueron 6: 2000, 2003, 2005, 2006, 2007 y 2011) y la ovación que se llevó en su última función, donde compañeros propios y rivales le hicieron un pasillo al ingresar al campo de juego y luego recibió una placa en la mitad de la cancha de parte de dirigentes del centenario, como Hugo Teizeyre y Jorge Paleo, o compañeros históricos con los que supo marearse dando vueltas olímpicas como Carlos Parisey y Martín Dindart, y familiares y allegados.
Pero también el emblema decano de las últimas dos décadas tuvo tiempo para trazar un balance de su carrera, a través de una nota realizada por el periodista Rubén Leys:
“Estos son los momentos que uno no quiere que lleguen nunca, pero es la ley de la vida, es un ciclo cumplido, creo que le he dado mucho a este club y siento que hoy tienen que tener la posibilidad otros chicos. Me tocará apoyar desde afuera, siempre voy a ser decano”, fue lo primero que señaló Elía.
Al toque empezó a rememorar: “Fueron muchos años de jugar e intentarlo, me quedó ese sabor del 2011 con el último campeonato, y desde esa época hasta ahora que pasaron 10 años lo busqué y lo busqué y no se pudo dar, pero me voy tranquilo, poder retirarme en un campo de juego es algo que no tiene precio, gracias al club por haberme dado esta posibilidad”.

Reveló a su vez un dato curioso, al contar que que nació futbolísticamente en la vereda de enfrente: “Hice las inferiores en Huracán y llegué a Rivadavia cuando pasamos a Sexta, estaba mi hermano, por esas cosas del destino caí en el club por seguir a mi hermano, y debuté en 1995 con Miguel López en cancha de Independiente de Lobería, tenía 16 años: jugaban Pablo Fuhr, el Vasco Martiarena y había muchos jugadores de afuera, y después en el otro semestre Miguel no siguió y agarró el Cabezón Jorge Garro con Omar Pérez y subieron varios pibes, estaban Diego Reinoso, Hernán Sánchez, Pipa Ferreyro, Cabello y se fueron sumando en los años posteriores Martín Dindart y Carlos Parisey”.
Asimismo, se le consultó a Elía como es que se llega con tanta vigencia a los 43 años, y el mensaje fue ejemplificador, ya que si bien sostuvo que “no sé si hay una fórmula”, argumentó que “en mi caso de la misma manera que vivo la vida, vivo para el fútbol, con la misma responsabilidad y compromiso, como así en lo laboral y familiar, creo que es un conjunto. A veces hablo con los chicos y no les doy consejos porque no soy el padre, pero sí les digo cómo tienen que vivirlo, es decir, el compromiso con el compañero que está al lado y con uno mismo, lo mismo que si fueras a un trabajo. Creo que eso me llevó a jugar muchos años, cuidarme y sacrificarme, dejar de lado la noche, el alcohol, son muchas cosas que se sacrifican. No es sólo venir y entrar a la cancha, hay muchas cosas detrás que uno tiene que hacer durante la semana y el fin de semana. Y lo más importante es la familia… cuando la familia te apoya, de hecho mi esposa me conoció dentro de una cancha de fútbol”.
A la hora de repasar sus 6 títulos aseguró que “el campeonato de 2007 es el que más me gustó, gracias a Dios tuve la suerte de salir 6 veces campeón, y cada uno si fue campeón tuvo sus cosas. Creo que el más lindo fue el primero en el 2000 con un equipo bárbaro, el segundo en el 2003 con algunos chicos que volvieron, sumado a nosotros que nos habíamos formado. Pero el de 2007 creo fue un equipo bárbaro, muy maduro, nunca nos preocupábamos contra quién jugábamos porque sabíamos que tres o cuatro goles íbamos a hacer, fue una época que disfruté mucho así que me quedo con ese campeonato, había jugadores como Diego Del Rosso, Kuky Berón, Julián Murillo, Pablo Fuhr, Darío Miotti, Julio Armentía, aunque todos los equipos son especiales”.

En cuanto al de 2011, que fue el último, justo hace 10 años, resaltó que “contra Estación Quequén también fue muy especial, por el clásico que se había hecho con ellos en esos años, me tocó convertir en Quequén con un zapatazo de lejos cuando perdíamos 2-0 y también en la revancha de noche en el Panamericano de cabeza”.
“El fútbol me ha dejado muchos compañeros, los amigos que tengo son todos del fútbol infantil, de mi formación, pero tengo excelente relación con todos. Amigos muchos no porque soy especial con las amistades, tengo mi grupo cerrado, pero sí muchos compañeros a lo largo de 25 años que aprecio un montón”, manifestó a modo de conclusión, y aseguró disfrutar que sus hijos jueguen al fútbol en Rivadavia: “Uno está en escuelita y el otro con Omar Pérez en la categoría 2010, y a mí lo que más me interesa es que lo disfruten, que puedan hacer su camino y que tengan ganas, no que yo los obligue. Obvio que me siento orgulloso que defiendan los colores de este club y estén identificados, han salido futboleros”.
¿Y qué vie “Turco” a partir de ahora, dirigir o ser dirigente? “
“Dirigente ya fui y es muy ingrato, técnico también, hoy que estoy dirigiendo en la Sexta a unos pibes bárbaros, pero se sufre igualmente… pero me veo más detrás de la raya de cal, dirigiendo, que como dirigente. Pasé por las dos experiencias y sé lo que se siente”, concluyó Diego Elía.





