Por Dr. Ariel González (*)

A pedido de este portal de noticias voy a dar mi punto de vista acerca de los daños colaterales generados por las medidas sanitarias en pos de disminuir el número de muertes y contagios en nuestro país.

Siempre que emprendemos un periplo, por ejemplo un viaje, lo hacemos tomando todas las precauciones preparando y poniendo en condiciones el vehículo, las tarjetas de crédito, el equipaje, los destinos, los lugares a conocer, los hoteles y más… y por supuesto encargarle a la vecina que nos cuide el perro.

Si al regresar estuvo todo bien y encontramos la casa en orden, nos alegramos y comentamos lo bien que la pasamos y lo lindo que estuvo todo. Muy raramente nos ponemos a pensar lo que hubiera pasado si hubiera ocurrido algo por no preparar como corresponde las cosas, o calcular el costo de los daños posibles.

Llevado al plano de la salud, la preparación y el comienzo de todo serían las medidas de prevención.

Si todo sale a pedir de boca y no ocurrieron muertes innecesarias; y no hubo una masiva y agobiante concurrencia de pacientes infectados agolpados en las guardias o quedando fuera de los hospitales; y teniendo que aplicar medicina de guerra eligiendo en quien va a morir y quién puede salvarse quitando respiradores o soportes de vida.

Si todo eso no ocurre, difícilmente nos pongamos a pensar cómo hubiera sido o qué mal la hubiéramos pasado.

Por estas razones siempre sostengo que la medicina preventiva «no garpa».
Cuando se hacen bien las cosas y si previene en salud es muy difícil reconocer (o medir) lo mal que nos hubiera ido si no aplicábamos la prevención.

Dicho esto y hablando de los efectos colaterales generados por el parate del aislamiento y la cuarentena claramente veremos empobrecimiento en la gente, menor actividad económica, mayores deudas, menor capacidad de pago, aumento de los niveles de pobreza, mayor dificultad para el acceso a alimentos y medicamentos básicos dificultad en la compra de leña a gas o combustibles para calentarnos en invierno etc.

Primero que nunca podremos saber cómo nos hubiera ido si no hubiera existido la pandemia.

Aceptando que claramente hubo un descenso de la actividad económica rearmar el rompecabezas con un bajo nivel de fallecidos y enfermos internados y con un gasto infinitamente menor en insumos hospitalarios y medicamentos.

Cabe aclarar que esta crónica no es una conclusión de algo que pasó sino de una muestra de cómo estamos hasta ahora.

Para dar por superada la pandemia tiene que haber pasado el virus por él 50% de la población de un país de una provincia o de una ciudad. Hoy podemos afirmar que no hay virus circulante en la ciudad ya que el 20% de internados que genera la enfermedad hoy es cero por lo tanto se infiere que hay menos de cuatro o ningún infectado en la ciudad.
De alguna manera esto se tiene que abrir.

Debe comenzar a circular el virus en la población tratando de cuidar que llegue a la población sana cuidando a los mayores y los grupos de riesgo para evitar la mayor parte de internaciones y muertes innecesarias.

(*) Médico especialista en Práctica General.

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